¿Cómo aumentar la concentración de sólidos en la producción de leche?

El incremento de estas sustancias dependerá principalmente de dos factores: la genética y la alimentación. Conozca las recomendaciones de los expertos a continuación.

Los sólidos (grasas, caseína, lactosa, vitaminas y minerales) forman parte de la composición de la leche y determinan su valor como alimento y/o materia prima para la fabricación de productos lácteos como quesos, yogures, leche en polvo o mantequilla. Pese a que por muchos años fueron poco valorados por la industria procesadora nacional, debido a que se privilegiaron aspectos volumétricos, desde 2008 comenzaron a ganar importancia en el valor de la leche. De hecho, en la actualidad, representan alrededor del 50% del precio por litro pagado a productor.


“El punto de inflexión en la política de pago de las empresas procesadoras fue el momento en que nuestro país se hizo autosuficiente en la producción de leche, lo que dio paso a que se generaran excedentes exportables, que debían ser secados. En ese escenario comenzaron a pesar los costos, lo que ha llevado a que en la actualidad las plantas procesadoras tengan una mayor valoración por los sólidos”, asegura Michel Junod, gerente de Aproleche Valdivia.

Sin bien en la industria reconocen que aún queda mucho por avanzar, especialmente en lo que se refiere a la conformación de una pauta de precios coherente, aseguran que los requerimientos de sólidos en la leche, por parte de las empresas procesadoras, irán en alza durante los próximos años. Por esta razón, es necesario que los productores nacionales sean capaces de diseñar una estrategia que les permita aumentar su producción de sólidos en la leche y, con ello, incrementar sus ingresos.


Las claves


¿Cuáles son los aspectos que inciden en la producción de sólidos? Se trata de una serie de factores como la edad y estado de lactancia y gestación de la vaca. También su condición corporal al parto, enfermedades, frecuencia de ordeña, alimentación en preparto y efectos estacionales, entre otros. Sin embargo, los expertos aseguran que son dos los más importantes: la genética y la alimentación.

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